En aquel tiempo, llamábase hadas a todas las mujeres que eran entendidas en encantamientos y conocían las virtudes de las palabras. Todo esto comenzó en tiempos del Mago De Sal, el sabio adivino que conocía el pasado, el presente y el porvenir, aquel que podía descubrir los grandes tesoros que se encuentran bajo tierra o en las profundidades marinas. La doncella vestida de blanco no era otra más que la Dama del Lago a la que el Mago De Sal había enseñado todos sus encantamientos. En una sola noche, edificó para ella un magnífico palacio de cristal, pero cuando la Dama le hizo ver que cualquiera podría observarla a través de las paredes transparentes, el Mago añadió un hechizo que sumergió el palacio encantado en el fondo de un lago y le reveló que, algún día lejano, ella se encargaría personalmente de recuperar Excalibur, la espada de soberanía que había sido confiada a Arturo, y de guardarla en un lugar ignorado por todos con el fin de transmitirla, más tarde, a aquel que vendría a unificar el mundo y a impartir justicia...
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