Acaba de terminar la Asamblea Anual de la Organización de Estados Americanos. Treinta y siete asamblea, para ser más exactos. A pesar de lo indicado en su Carta Democrática que obliga a todos sus socios, a pesar de que los atentados a la democracia están siempre vigentes y deben estar siempre en agenda, y a pesar del contrapunteo Rice-Maduro y las manifestaciones de apoyo de ciudadanos y medios de comunicación panameños, no se inscribió ningún proyecto de resolución sobre el tema de RCTV. Así es, aun cuando muchos países se han pronunciado en contra del cierre, ninguno de sus representantes en el marco de la Asamblea solicitó hacer una resolución en el que se hablara del tema.
José Miguel Insulza, como siempre, optó más por cuidar su futura campaña presidencial en Chile que en ponerse los pantalones como Secretario General de un organismo que en la región está obligado, según sus propia filosofía institucional y objetivos, a denunciar, investigar y hacerse eco de las denuncias en contra de las democracias latinoamericanas. ¿Pero cuánto le durará este silencio? Prácticamente todos los países que financian la organización se han pronunciado en contra del cierre de RCTV, ¿será esta un detalle que deberá tener en cuenta Insulza en lo inmediato?
¿Y qué decir del capítulo entre la canciller del Imperio y el canciller de nuestro país? Ni siquiera diré nada sobre la falta de educación de este último, sería llover sobre mojado. Tampoco sobre las credenciales personales y profesionales de ambos, pues es un hecho notorio y conocido por todos. ¿Qué decir entonces? Es verdad que EEUU y sus representantes tienen mucho que hacer y mejorar en su democracia, que es inaceptable la existencia misma de Guantánamo y los detenidos que en tras sus rejas se encuentran; que también lo es la coacción del imperio para que sus militares no sean llevados a la Corte Internacional; que la guerra de Irak y todas sus consecuencias es uno de los capítulos más negros de la historia contemporánea y tantos otros hechos que siempre hay que denunciar y presionar para que las cosas cambien a mejor. ¿Pero es éticamente válido que se antepongan esos hechos como excusa cuando un gobierno también está cometiendo violaciones a los derechos humanos y se autodenomina ‘democrático’ y nuevo defensor de la justicia mundial? ¿Luz para afuera y oscuridad para la casa? ¡Un poquito más de moral!
miércoles, 6 de junio de 2007
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